Monocrom

Monocrom, en catalán. Monocromo, en castellano. Monocromo, poseer o tener un solo color. Monocrom, poseer o tener una pasión, el vino. Monocrom es un restaurante, un bistró situado en Sant Gervasi, Barcelona. Concretamente en la plaza Cardona. Pequeño, acogedor, sobrio y con encanto. No destaca por su decoración ni por tener un chef star detrás. No destaca ni por su publicidad en las redes tan en boga hoy en día. Destaca por lo que nació. Un restaurante que ofrece una extensisima carta de vinos naturales y ecológicos. Gigante. 

Sueles ver estos programas de gastronomía tipo Hell’s Kitchen, donde lo primero que hace Ramsay es cortar carta. Aquí no. La carta es corta ya de por sí. Cortita y al pie que nos gusta decir a los balompédicos aficionados. Pero la comentaré más tarde. La carta de vinos es otro cantar. Así a bote pronto calculo sobre unas cientocincuenta referencias. Que me corrigan ellos si me equivoco. Ciento y pico referencias de vino natural. Con algunos añadidos foráneos que me ponen. Son Juras o Rieslings alemanes. Soy débil. 

Qué les voy a contar. Cuando entro me invade la felicidad. No porque sean naturales. Ese debate no va conmigo. Sino porque es un culto al vino y encima se refleja por doquier. Es ver esas estanterías repletas de botellas y acordarme de cuando era crío. A mi hermano y a mí nos encantaban las grúas de juguete. Esas réplicas tremendas de todo tipo de maquinaria. Cerca de casa había un estanco. Desde tabaco a cartas y sellos, revistas y un sinfín de cosas. Las réplicas de Majorette y las grúas. Las grúas de Joal, réplicas de esos monstruos increíbles. Entrar en el estanco y ver esas estanterías era un éxtasis emocional. Lo mismo me sucede en Monocrom. Estanterías de emoción. 

Janina y Xavi Rutia son los artífices del local. Hermanos. De Xavi sé bien poco, de Janina que es una ex Coure (Restaurante de Barcelona), jefa de sala para ser exactos. Cuando he ido, coincidimos con ella siempre. Tiene una manera de hacer, que te hace sentir en casa. Se agradece. Engrandece al local de por si pequeño, haciéndolo más acogedor. Hablemos de su carta. La corta. La buena. Ajustada y milimetrada, pero con ganas. La pasión se la dejo a los guruses de lo gastro. Aquí hay acierto y ganas. Cocina en su gran parte de mercado. Pequeños platillos y segundos más generosos. Producto y producto. Bien hecho. Les recomiendo el mollete de tocino. Lujuria . O el huevo a baja temperatura con patatas al mortero y sobrasada de los Rovira. Gustazo. El magret, la costilla, las croquetas, la rillette de caballa… ¡Ay esa rillette! Todo, les recomiendo todo. Pero sobretodo, les recomiendo ir. Beber. A copas o a botella. Pero vayan. Porque van a disfrutar de lo que para mi es a resumidas cuentas, un bar de vinos con una cocina excelente.  

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